La danza contemporánea se inició nuevamente con el liderazgo
del ballet ruso adquirido a finales del siglo XIX. La danza expresionista
supuso una ruptura con el ballet clásico, buscando nuevas formas de expresión
basadas en la libertad del gesto corporal, liberado de las ataduras de la
métrica y el ritmo, donde cobra mayor relevancia la autoexpresión corporal y la
relación con el espacio. De forma independiente, la gran figura de principios
de siglo fue Isadora Duncan, que introdujo una nueva forma de bailar, inspirada
en ideales griegos, más abierta a la improvisación, a la espontaneidad.


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